24Octubre2017

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El vacío espiritual de los funcionarios públicos

bandera borjeUna de las principales manifestaciones del complejo de inferioridad que caracteriza a los mal llamados “servidores públicos” fue protagonizada por el ex gobernador Roberto Borge Angulo, cuando el año pasado puso su nombre junto al de los héroes de la independencia mexicana en el obelisco de la Explanada de la Bandera en Chetumal.

Tal vez en el fondo de su conciencia, por llamarle de algún modo a esa dimensión subjetiva, conocía su pequeñez y su miseria humana y quiso auto alabarse en vida para no sentir el vacío de su existencia, pese al dinero que sustrajo de las arcas públicas para su fortuna personal y pese a haber ejercido el poder con violencia y sin fronteras.
Esta nueva clase social, que el periodista polaco Ryszard Kapuściński llama “burguesía burocrática” en los países poscoloniales de África y América Latina, arrastra estigmas de la época colonial y en el caso de México con marcados rasgos de la monarquía medieval. Ya no son condes o marqueses, sino secretarios, diputados, directores…
En Chetumal, parece que no ha llegado el siglo XXI. En cada acto público, se siguen repitiendo las mismas ceremonias ridículas y la mayoría de las veces se invierte más tiempo en presentar a autoridades innecesarias con sus extensos y rimbombantes cargos, más los aplausos, que en el evento en sí… Es cansado, arcaico y de mal gusto.
Esta ceremonia vacía, que menciona Octavio Paz en su gran libro El laberinto de la soledad, lacera el desarrollo sano de una sociedad democrática, donde se suponen que todas las personas son iguales y tienen los mismos derechos y deberes, y no hay que estar rindiendo culto a la personalidad pública las veinticuatro horas del día. (Fuente: Periodistas Quintana Roo/Agustín Labrada)

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